martes, 12 de octubre de 2010

SIn vuelta atrás


¿Cuantas veces a lo largo de nuestra existencia tenemos que tomar decisiones, que en teoría, son para toda la vida? Pocas realmente. Y para tomarlas a veces se ponen muchísimas cosas en la balanza. Se analiza minuciosamente cada consecuencia de la decisión Es lógico. ¡Si es para toda la vida!.
Pero para algunos temas que son para siempre hay tal análisis. A saber, los tatuajes.
¿Que lindos son los tatuajes no? Algunos son obras de arte. Los hay muy sensuales.
Me encantan.
Pero en virtud de algunas cosas que he visto, y con la autoridad que me da haber vivido unos años, me permito hacer una advertencia para quienes estén por tomar la decisión de hacerse uno.
Yo creo que en el momento que uno decide hacer un tatuaje, algo indeleble, no es conciente de los estragos que el paso del tiempo produce en las personas. Uno tiende a creer que siempre se mantendrá joven
Algunos ejemplos de casos reales.
. La chica 25 años. Bonita. Apenas rellenita, una leve tendencia a engordar, pero apenas. La cola todavía se mantiene parada. Decidió tatuarse en la nalga izquierda una rosa roja a punto de abrir sus pétalos. Claro, no imaginó, que 15 o 20 años después iba transformarse en una señorota de 95 kg, con un tamaño de culo que si se tira un pedo en un gallinero nos disfraza a todos de indios. Y la rosa, casi un pimpollo, año a año empieza a abrir sus pétalos acompañando el crecimiento del culo, y a decolorarse paulatinamente, hasta transformarse en un repollo.
. De todos modos un repollo es mucho más acorde para ese culo que una rosa.
O también el caso de la minita de 22 años, vientre planito, sin abdominales marcados, pero planito, liso hermoso. Dice: me voy a hacer unas mariposas entrelazadas al lado del ombligo.
A los años la mina queda embarazada y la panza crece como todos sabemos que crece una panza durante el embarazo, y las tiernas mariposas se convirtieron en dos terodáctilos luchando en el aire. Espeluznante. Luego de nueve meses y 23 kg de aumento de peso, nace el bebe y la panza queda,… bueno, sobra piel por todos lados, y los terodáctilos, decidieron hacerse terrestres, cerrando sus alas y se transformaron en el mejor de los casos en dos liebres patagónicas, y en el peor, en un par manchas deformes y arrugadas por los pliegues de la piel, que bien podrían confundirse con dos capullos colgando de una rama. Lo que seria paradójico, si es que recordamos que arrancamos con dos mariposas.
Tampoco los hombres escapan de esta falta de visión de futuro.
El pibe estudiante de periodismo. Militante, con ideales, rebelde. El pelo un poco largo, barba de una semana, prendido en cada marcha y cada protesta
- ¡Si loco, me tatué al Che en el pecho!, le cuenta a sus compañeros, mientras empina una birra
. Pero como suele suceder en estos casos, terminó sucumbiendo ante el sistema. Dejo la facultad, en tercer año, y se caso con una minita que el boludo dejó embarazada por olvidarse los forros. Labura de sol a sol en la ferretería del suegro.
A la birra le siguió dando. Tanta birra, tanta birra, mas un poco de sedentarismo transformaron a nuestro luchador idealista en un muchachote de 125 Kilos que mira partidos del ascenso mientras se manda la grande de muzza el solito. (Con más birra).
Aquellos pectorales firmes son ahora un par de enormes tetas caídas tristemente sobre la panza cervecera a las que no les vendría mal un corpiño. Y la figura del Che bueno,… parece que tantos corticoides que tomaba el Che por el asma que tanto padecía lo hincharon. Esta irreconocible
El Dogor en el verano se fue con la flia a San Clemente y la gente que lo veía cuando se metía en el mar se preguntaba ¿Por qué este Gordo se habrá tatuado en el pecho a Pavarotti?
Así que un poco de sentido común. Que la boludez no sea para siempre.